Nos llegaba el invierno. Nos tocaba abrigarnos y envolvernos en todo lo que pudiésemos. De nuevo el momento de prender el fuego y darle la importancia que se merece (el primer descubrimiento del hombre como hombre).
Nos pusimos más sensibles. Nos volvimos adictos a relatarnos todo lo que la piel ignora en verano pero padece en este (o en ese) invierno. Nos descubrieron más sueltos a gozar del cuerpo erizado.
Nos animamos a lo más primitivo (como el frío). Nos dejamos en manos de ese viento helado. Nos desvestimos para aprovecharlo (cuánto miedo a perdernos la mejor parte).
Nos hundimos en esa estación... en la que nos encontraron amando el invierno.
Nos pusimos más sensibles. Nos volvimos adictos a relatarnos todo lo que la piel ignora en verano pero padece en este (o en ese) invierno. Nos descubrieron más sueltos a gozar del cuerpo erizado.
Nos animamos a lo más primitivo (como el frío). Nos dejamos en manos de ese viento helado. Nos desvestimos para aprovecharlo (cuánto miedo a perdernos la mejor parte).
Nos hundimos en esa estación... en la que nos encontraron amando el invierno.