viernes, 22 de agosto de 2008

Estación invierno

Nos llegaba el invierno. Nos tocaba abrigarnos y envolvernos en todo lo que pudiésemos. De nuevo el momento de prender el fuego y darle la importancia que se merece (el primer descubrimiento del hombre como hombre).
Nos pusimos más sensibles. Nos volvimos adictos a relatarnos todo lo que la piel ignora en verano pero padece en este (o en ese) invierno. Nos descubrieron más sueltos a gozar del cuerpo erizado.
Nos animamos a lo más primitivo (como el frío). Nos dejamos en manos de ese viento helado. Nos desvestimos para aprovecharlo (cuánto miedo a perdernos la mejor parte).
Nos hundimos en esa estación... en la que nos encontraron amando el invierno.

jueves, 31 de julio de 2008

Luz amarilla

Acepta el concepto de ducha y se desenvuelve con gracia en cada una de sus etapas.
* entra al baño dejando detrás las preocupaciones más banales e insulsas (también abandona los pensamientos que incluyen organizar próximos movimientos).
* se mira al espejo (por reflejo).
* luego se detiene para observarse en serio.
* su pelo sucio le queda mejor. sus ojos ojerosos le dan experiencia. no puede creer que ella es ella. ya es así. eso tampoco lo puede creer.
* de a poco se desnuda. siente que alguien le está prestando atención entonces lo hace más suavemente. se saca la remera para enseñar sus pechos cubiertos. que hermosos se ven. quieta un instante nadie podrá dejar de notarlos. están en ella y en el espejo. su piel es suave y la luz amarilla la beneficia. ahora se saca la pollera (parece que alguien estuviera leyendo sus movimientos). tiene unas medias largas negras. las nota negras. le parece que el color marca la diferencia y entonces vuelve para ver si combina con su corpiño blanco. no. el color blanco no llama la atención. nadie lo nota (piensa ella). vuelve a quitarse ropa. las medias. claro. el conjunto de ropa interior era todo blanco y eso la tranquiliza. se siente coqueta. sería más sensual si la atención estuviese dirigida hacia ella y no al espejo. está segura que la persona que sigue sus pasos está detrás de ella. mirándola en el espejo. tan varonil. la toma de la cintura (la está tomando ahora). combinan ella casi desnuda y él despojado (aunque sólo es su cara la que asoma por detrás de la espalda) aunque sólo en el espejo están realmente juntos y sonriendo. ella se muerde los labios y tiene tanto sentido con el blanco con su piel suave con la luz amarilla con él que ahora la mira directo. la mira de tan cerca que se arrepiente de haber gastado tanto tiempo en el reflejo y entonces la enfrenta hacia él. recién ahora está sintiendo el blanco en el cuerpo y los pechos de ella (los hermosos pechos). cierra los ojos. al carajo con el espejo. ahora todo entra por la piel. las manos tímidamente se acomodan en las cinturas. las cabezas se cruzan y se posicionan en los hombros ajenos. se mueven lentamente al compás de. ella está quieta. él es el que avanza por su espalda hasta el broche del corpiño y lo suelta y comienza a deslizarse y la piel ahora esta expuesta y es cuidadoso como cae y él siente el pezón. cuánto silencio. cuánto compás. qué sutil movimiento hermoso y si abre los ojos estaría esa luz amarilla. pero aún sin mirar se siente tan cálido el cuerpo de ella brotando y uniéndose. se abrazan más fuerte (ella en especial lo toma más fuerte). recién ahora vuelven a respirar. el tiempo lo marcan los suspiros. las manos apenas tiemblan por la vergüenza y el frío de estar desnudos. él está completamente desnudo y sólo falta que baje sus manos por la espalda de ella (otra vez recorriendo la misma ruta). que se vuele la hoja de Eva. ahora con gracia el momento más torpe. el equilibrio que no sale. ella que se encuentra con ella y se incomoda. despegarse un segundo. abrir los ojos. la luz amarilla. no mirar hasta que se resuelva y luego sí, hundirse en un beso. ahora si recorrerse todo. tratar de dejar una marca. tratar de producir sólo con la caricia un suspiro más fuerte. un jadeo. unas irremediables ganas de hacer el amor. de tratar de encontrar ese lugar donde puedan confluir los deseos. él toma la decisión. se separa un instante. le toma la mano. se miran en caliente silencio. le da la espalda un segundo. la lleva a la ducha. de la mano la deja adentro. y la ama y la baña y la toca y todo y un poco más. tan hermoso es todo con agua tibia entre cuerpos y luz amarilla y piel suave. tan hermoso es el sexo que se acaba y la humedad y estar mojado. ella está limpia de deseo y mojada. satisfecha resuelta recostada tibia hermosa y mojada.
* se coloca la vieja bata, la suya y se seca.
* se vuelve a mirar al espejo (por reflejo)
* se viste de problemas y agendas y preocupaciones.
* sale del baño y toma todo aquello que dejó en la puerta.

lunes, 21 de julio de 2008

Mamarracho *

Vuelve sobre el viejo mamarracho y lo escupe una y mil veces. Grita su nombre entre escupitajos. No termina de descifrar si es acaso su obra maestra o tan sólo la mierda de una noche más y su llanto. Se sacrifica por ella... en su mente de desata una tormenta y una guerra con armas de fuego y botellas rotas de bebida blanca y un verso que aun no plasma y el miedo de ahogarse entre su propia baba.
Decide escaparse y olvidar su sombrero. Sus pasos cautivan por efìmeros y certeros. Tres mujeres le coquetean exitadas. Le suplican sexo; él se jacta de su don de entregarlo en tiempo y forma. Se revuelcan en distintos lugares y a distintas horas. Ellas se desesperan de satisfacción, un goce pleno las atormenta, un goce ajeno las ataca. Y todas gritan juntas, y reclaman más y más. Exigen lo que él no tiene y no es su nombre el que resuena. Se tocan entre ellas y son las gatas del otro. El artista se molesta... las caga a trompadas. Mejor que cierren la boca...
Y lo hacen... pero el silencio no aparece.
No eran ellas las que victoriaban al fulano. Esa voz que cantaba placer divino era por demás conocida.
¿Cómo pudo equivocarse así? Se pregunta él también. Y ya desnudo no importa más nada... y decide acelerar el paso. Está corriendo y está loco. Tiene antojos de que se note.
Y es cada vez más veloz, y más peligroso, y está más enfermo, y más celoso, y se choca contra y no esquiva y atraviesa porque abre y sube y llega y ahí está su puto sombrero y ni rastros de...

Se frustra instantaneamente, se seca el sudor. Muerde su labio y su boca pastosa comienza a llenarse de rabia. Llena entonces vuelve contra el viejo mamarracho y lo escupe una y mil veces gritando un nuevo nombre entre escupitajos.

* Diciembre del 2006